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domingo, 6 de julio de 2014

Divagaciones de un cuerdo

Palabras que sangran, ojos que lloran y de repente… El vacío. La nada. El todo. El infinito.
Busco entre las sombras y no veo tu olor. Ese olor dulce como el de la hierba fresca recién cortada. Para olvidarme de ti planto una casa, construyo un árbol y peino mis sonrisas; esas sonrisas que nunca volverán a ser mías porque las he perdido en la nada.
El sol sale por el oeste y se esconde por el sur. Sabe bien cuales han sido tus pasos y no quiere seguirlos, por miedo a perderse igual que tú. Dios intenta morderme. El dolor es insoportable pero las cosquillas de las hormigas palian mis sufrimientos.
Han pasado los años y he conseguido escapar de las nubes que me susurraban tu nombre cada amanecer y lo olvidaban al ponerse el sol. Aquel sol que no quiere seguir tus pasos pero que a mí me los recuerda cada día.
Desde la soledad de mi habitación, con una sola ventana enrejada que enfoca a la ciudad veo dibujadas en los edificios todas las palabras que me dijiste antes de tu marcha: “No sufras, que el tiempo todo lo cura”.

El tiempo todo lo cura. El tiempo, todo locura.

1 comentario:

  1. Muy bueno, poético microrerelato, Robe, con un gran pasaje final: «El tiempo todo lo cura. El tiempo, todo locura».
    Saludos.

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